¿Qué puede un cuerpo que piensa, desea y escribe? Donde Darío idealiza, Delmira encarna. Su poética altera el molde modernista que se levantó con flores y cisnes. Erotiza el verbo, reescribe el deseo, funda un sujeto femenino que ya no adorna el poema. Lo posee. Y en esa encarnadura, se desmarca. ¿Qué ocurre cuando el goce femenino se transforma en lenguaje?
En la poética de Delmira Agustini, el cuerpo femenino —por un lado, históricamente silenciado, y por otro, decorado por el modernismo dariano— se alza, se expresa y se sacude la floritura para volverse acto. Allí donde el programa modernista de Rubén Darío intenta elevar lo femenino a figura ideal, mística, pura y pasiva —“concibe en una gloria de luz y de harmonía / la Helena eterna y pura que encarna el ideal” (1986, p. 123)—, Delmira baja a la carne, la enciende y la piensa. El placer es lenguaje y cuerpo: “pero en su carne me habla / y yo en mi carne le entiendo” (1996, p. 136). El resultado, lejos de ser armonía, es exceso: hay gemido, hay sombra, hay sangre y fulgor. De esta manera, subvierte el programa modernista desde sus bases. La mujer deja de ser inspiración, una forma ideal, para transformarse en autoría y materia deseante que se piensa a sí misma: “vive tanto en mis sueños, / y ahonda tanto en mi carne, / que a veces pienso si el cisne / con su dos alas fugaces, / sus raros ojos humanos / y el rojo pico quemante, es sólo un cisne en mi lago / o en mi vida un amante…”.
Beatriz Colombi (2014) pronostica que “los flujos femeninos impregnan, inclusive, al cisne modernista, convirtiéndolo en un magnífico cisne menstruado, feminoide y feminizado, que «mancha» las representaciones de la sexualidad masculina divinizada y estilizada en el «ave olímpica»”. La poética de Agustini no sólo se desmarca del modernismo de Darío, lo desarma. Toma cisne y lo corrige, le da movimiento (Molloy, 1985). Porque en ella el cuerpo es potencia. Porque donde el modernismo ordena, Delmira goza; erotiza el lenguaje, invierte el régimen de representación del cuerpo femenino y transforma el deseo en voz poética activa. Frente al Darío que estetiza a la mujer como blanca y pura (Binns, 2014), Agustini escribe desde un cuerpo deseante, irreverente y amenazante. El lenguaje es cuerpo, deseo y pulsión de muerte como afirmación. El yo femenino es sujeto de placer, en pleno movimiento, no solo como “la musa” decorativa: “Y que vibre, y que desmaye, y que llore, y ruja, y cante, / y sea águila, tigre, paloma en un instante, / que el Universo quepa en sus ansias divinas; / tenga una voz que hiele, que suspenda, que inflame” (p. 139).
Delmira exhibe al cuerpo como centro de gravedad, motor de sentido, núcleo de una conciencia deseante. Mente y carne se alían como fuerza afirmativa, una maquinaria lírica que piensa y escribe desde el goce. En esta inversión, rompe la economía simbólica del modernismo dariano, que estetiza a la mujer como cisne, flor, virgen o princesa, y en su lugar instala una bestialidad femenina que muerde, devora, goza y sangra. Que está activa. Ya no hay musa distante ni ángel pasivo, el yo lírico decreta “mi deseo”, “mi carne”, “mi garra”. El erotismo no se presenta como pecado ni desvío, sino como política de resistencia que dinamita el modelo burgués-patriarcal en plena tensión entre la pulsión y la muerte, entre la entrega y la destrucción.
Así, nuestra poeta reforma desde la carne la matriz modernista que pretendía embellecer y domesticar lo femenino. Toma el cuerpo, lo exhibe, lo incendia. Convierte el goce en verbo, la herida en texto. Y en ese gesto transgrede la forma, subvierte el canon y funda la lengua del deseo que piensa.
¿Qué sucede cuando el goce femenino escribe? Sucede Delmira.
Bibliografía:
Agustini, D. (1996). Selección de poemas. En A. Hamed (Ed.), Orientales: Uruguay a través de su poesía. Siglo XX (pp. 131–141). Montevideo: Graffiti.
Binns, N. (2014). Lecturas, malas lecturas y parodias: desplumando el cisne rubendariano (Enrique González Martínez, Delmira Agustini, Vicente Huidobro, Nicanor Parra). Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. https://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/lecturas-malas-lecturas-y-parodias-desplumando-el-cisne-rubendariano-enrique-gonzalez-martinez-delmira-agustini-vicente-huidobro-nicanor-parra/html/3b0d64b9-2ec2-4449-8253-a3c7fe7913f9_3.html
Colombi, B. (2014). Prólogo a «Los cálices vacíos» de Delmira Agustini. Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes. https://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/prologo-a-los-calices-vacios-de-delmira-agustini/html/4daefea3-574a-41b4-a107-e6ecb9bf105c_4.html
Darío, R. (1986). Prosas profanas y Cantos de vida y esperanza. En Poesía. Biblioteca Ayacucho & Hyspamérica Ediciones Argentina.
Molloy, S. (1985). Dos lecturas del cisne: Rubén Darío y Delmira Agustini. En M. F. Hernández (Comp.), La sartén por el mango: Encuentro de escritoras latinoamericanas (pp. 57–69). Ediciones Huracán.