Ayer, hoy, mañana,
un alma ansía trascender la carne
y sumergirse en las aguas del saber.
Trenza una red para sublimarse
con retazos de anhelo
de conocer un mundo infinito.
La noche, en su manto cómplice,
la libera de su presidio.
Y así, escapa de las sombras,
honrando alegorías platónicas,
y se precipita en un sol que deslumbra, ciega.
En el intento por comprender,
se pierde indagando.
Pasea entre letras y signos,
pájaros de tinta,
que la acarician y la hieren.
El alma —la tuya, la mía—
descubre que desviarse
es otra forma de aproximarse al saber.
Así, en la inquieta noche del ser,
el alma danza.
Irse y volver
en una esperanza hecha vuelo.
Y en el resurgir del alba,
suspende el viaje resplandecientepero jamás abandona el deseo
de continuar con su demanda.
Ayer, hoy, mañana,
un alma ansía trascender la carne…

No hay comentarios.:
Publicar un comentario